Me lo Enseñó una Máquina. Nuevas Formas de Transmitir Cultura

El lugar de las Nuevas Tecnologías en la transmisión de pautas culturales

– “¡Que Dios nos ayude!”- exclamó Trece.

– “¿Qué es Dios?“ – Preguntó Talatashar.

– “No tiene importancia” -contestó Trece- “Es una vieja palabra.

Se la oí decir a un robot.”

Cordwainer Smith en “Piensa Azul, cuenta hasta dos”.

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No es humana, es robot

Hasta hace poco, los cachorros humanos heredaban la cultura de sus mayores, sus parientes, los adultos del grupo de pertenencia u incluso de otros niños más grandes. Hoy, hay que agregar los modelos contenidos en los dispositivos multimedia, todo lo que tenga pantalla, y cada vez más de imágenes corporales y asistentes humanoides físicos o proyectados  en teléfonos móviles, iPads, consolas de vídeo juegos o cualquier tipo de ordenadores.

No nos referimos a lo aprendido mediante el discurso racional leído u oído sino a la transmisión de cultura a través de la propia imagen corporal en movimiento.

Como bien saben los etólogos, la primera fuente de transmisión de pautas culturales no verbales, la emite el mismo cuerpo humano, con sus posturas, colores, olores, manejo del espacio y el sonido etc. Dado que es el primer punto donde se focaliza la atención del lactante con su fuente de vida.

Este caudal inconsciente de información cultural es asimilado en exclusiva por los niños antes del desarrollo de la capacidad lecto-escritora y conforma la primera fuente de transmisión de los valores culturales del grupo y sienta las bases de la personalidad individual. Resultado: Abrimos nuestra mente a nuestra madre y por contigüidad a todo el grupo humano, a través de la imagen corporal.

Imagen no como aspecto visual sino como concepto que engloba canales sensoriales (multimedia) que en el caso de los organismos son los clásicos cinco sentidos.

Los niños claro, entienden muy bien la diferencia del muñeco que se remueve en la tele a la hora “de los dibujitos” y un miembro de su familia con el que interactúa en el “mundo real”. Pero le prestan muchísima atención a “los dibujitos” ( y a veces más que al familiar). Y obviamente aprenden. Este post trata de ese aprendizaje.

Se ha hablado mucho de cómo la TV influye en nuestras vidas. Pero se habla poco de cómo las máquinas que adoptan forma humana nos enseñan cosas.

¿Qué pasa cuando los mensajes comienzan a ser emitidos por imitaciones humanas  multimedia, sean cuerpos enteros, partes del cuerpo o voces?

¿Qué pasa cuando llamamos por teléfono –a veces indiferentes, pero otras veces preocupados o necesitados- y nos atiende un asistente robot que intenta, dirigirnos hacia algún servicio determinado?

¿Y cuando suena el teléfono y una voz pre-grabada intenta darnos un mensaje? Confieso que la primera vez me asusté. Tal vez porque la voz era muy imperiosa. Pero como los sistemas también aprenden, en cuanto se vuelva más amable y yo me acostumbre, quizás incluso dialoguemos.

A que llamamos robot

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Asistente robot en la Expo de Nagacuche

Aquí no nos referimos a los robots con patas, aunque tenga piernas atractivas como la chica robot de la Expo de Nagacuche, sino a los autómatas o asistentes que adoptan cualquier símil humano para realizar una tarea específica. Este símil puede ser sólo uno (por ejemplo, la voz) o un conjunto (silueta, movimiento, sonido etc). Si en lugar de pensar en los robots de las películas o en los robots industriales pensamos en canales de comunicación humanoides la lista de “robots” crece de forma impresionante.

Y de ser una rareza pasa a ser una realidad en la que estamos inmersos. Porque no estamos hablando de robots “clásicos” o físicos, sino de cómo se transmite la cultura a través de la tecnología. De cómo la máquina nos enseña. Pero esta claro que la palabra robot con su carga de antropomorfización nos viene como anillo al dedo para diferenciar a las máquinas sin más de este tipo de máquinas o sistemas autómatas que se comunican con los humanos a través de un símil humano.

Es la diferencia entre un objeto inerte y otro que cuando lo tocas te dice: “- Ha escogido gasolina súper, gracias”. No es lo mismo. Pero no es lo mismo sólo porque te habla una máquina, sino porque aprendes de una máquina. Al hablarte, la máquina establece un canal de comunicación sensible. Deja de ser un mero objeto y establece una nueva lógica en la mente del usuario. Máquinas. Máquinas que hablan claro. Máquinas que sabemos que son sólo máquinas.

Pero también sabemos que se trata de otro tipo de máquina. Y es pertinente reflexionar sobre ellas, entre otras cosas porque una máquina parlante vende más que otra silenciosa como bien saben las compañías tabacaleras.

Veamos una lista rápida de robots de voz:

  • Máquinas físicas que además hablan (traga perras, expendedoras de tickets, tabaco, gasolina, bebidas, vagones de metro, coches y electrodomésticos parlantes etc)
  • Recepcionista Telefónica
  • Vendedor Telefónico
  • Navegador GPS parlante
  • Asistentes software en aplicaciones informáticas y web sites (Siri, por ejemplo)
  • Personajes humanoides en juegos de consola

Este tipo de robots se ha colado en nuestro mundo, de la forma más sencilla, siguiendo la lógica del mercado. Estamos interactuando con ellos lo mejor que podemos y nuestros hijos aprenden de ellos. Las empresas necesitan satisfacer demandas, distribuir productos y abaratar costes y si hay algo que un robot puede hacer, es realizar cualquier tarea rutinaria sin chistar.

Solo necesita un input de energía que lo mantenga activo (Iba a decir “vivo”, pero estoy intentando desapegarme un poco de la antropomorfización de los objetos en la que estamos inmersos).

En definitiva, autómatas, asistentes, “ayudas” o como quiera que se les llame a los robots software, están presentes cada vez más en nuestra vida cotidiana. Vamos a repasar brevemente algunos niveles de esta innovación tecnológica y sus implicaciones culturales.

La Cuestión del Tiempo

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Una reunion de tres robot y sus creadores

La percepción del tiempo –la forma de estar en el mundo y usar el medio- esta cambiando, evidentemente, en todo momento. Pero vamos a destacar algunos cambios derivados directamente de las nuevas tecnologías.

Medir el tiempo en horas, días, meses o años es, como todos sabemos, arbitrario, podemos utilizar la rotación del sol para establecer el ritmo, pero otras culturas usan el tiempo en que maduran determinadas plantas o en que vuelve a soplar el viento norte, y son formas tan abstractas y naturales como las Horas Gregorianas.

Así que, el hecho que algunas personas midan el tiempo y lo usen siguiendo los dictados de su asistente (robot) personal, no es nada raro.

Gracias a la tecnología digital somos capaces de programar segundo a segundo una actividad y solicitar a nuestros asistentes software (recordemos que los robots son software) que nos alerten del paso del tiempo.

Medimos el tiempo en segundos, calculamos que acciones podemos hacer en segundos. Y nuestro metabolismo se adapta al uso de los segundos.


 

El caso Toni (un caso real)

A las 18 hs. cierra la recepción de avisos en un pequeño periódico digital de provincias y Toni debe enviar un e-mail con un anuncio. A las 17:07 programa su Microsoft Outlook para que a las 17:50 le avise que faltan 10 minutos. Se enfrasca en otros asuntos urgentes y se olvida de escribir el e-mail. El asistente le avisa que faltan 10 minutos. Toni, pasa esos diez minutos mirando el ángulo superior derecho de su pantalla viendo como pasan los segundos mientras despacha simultáneamente varios asuntos, escribe el mail en el teclado del ordenador, habla (esta hablando con su novia a través del WhatsApp) y mediante gestos con sus compañeros en la oficina “física”.

Mira el ángulo superior derecho de su pantalla y calcula que le quedan aún dos minutos y que puede repasar el texto antes de pinchar en el botón “enviar”. A las 17:59 pierde el control del tiempo dado que el reloj del ordenador le muestra el tiempo en minutos, sabe que le queda un minuto (tiempo suficiente para hacer click y que el diario reciba el e-mail antes del cierre) pero la pantalla de su Portátil no le muestra el paso de los segundos (piensa que habrá que configurarlo en segundos en cuanto “tenga tiempo”), sigue trabajando, corrige una coma, agrega una palabra, no sabe si han pasado 20 o 30 segundos, mira insistentemente el reloj de la pantalla pero siempre dice lo mismo, 17:59, 17:59, 17:59. ¿Se ha detenido el tiempo?, ¿Tiene tiempo aún de revisar el texto? ¿Debe hacer click? Si supiera que le quedan 10 segundos, podría “aprovechar” más el tiempo.

Hace click.

Inmediatamente mira en “enviados” el e-mail ha salido a las 18:00 en punto. Sirve. Toni respira aliviado y pasa a otra cosa.

La pregunta es: ¿Qué aprendió Toni de los sistemas?

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