El ingeniose hidalgo Don Quijote de la Mancha, que contiene su tercera salida y es la quinta parte.

donquijote1En el año 1605 se publica en Madrid la primera parte de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra. El éxito del libro fue inesperado, incluso para su autor. Pasaron los años y la gente pedía con entusiasmo la segunda parte en la que presuntamente trabajaba Cervantes.

Nueve años después de aparecida la primera parte del Quijote cervantino y uno antes de que la segunda viese la luz, un novelista que decía ser licenciado y llamarse Alonso Fernández de Avellanada publicó en Tarragona, , un segundo tomo del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha que contiene su tercera salida y es la quinta parte de sus aventuras, según nos cuenta Emiliano M. Aguilera en el prólogo del libro, “Nuevas andanzas del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”.

Desde la aparición del libro de Avellaneda, conocido también como el Quijote apócrifo, ni su autor ni el libro gozaron de popularidad alguna y menos todavía al publicarse en el 1615, la segunda parte escrita por Cervantes. Su autor fue tachado de advenedizo, resentido y envidioso

Cierto es que el libro de Avellaneda comienza pidiendo guerra desde el mismo prólogo: “Como casi es comedia la historia de Don Quijote de la Mancha”, y en pocas líneas se deshace en insultos a Cervantes: viejo, manco, orgulloso, deslenguado, pero al lector le espera una sorpresa. Desde las primeras páginas se verá ante una obra bien escrita, muy divertida, desvergonzada… y asombrosamente respetuosa con la de Cervantes.

Además, Avellaneda no imitó el Quijote cervantino, sino que se sirvió de los personajes principales, para escribir una continuación con una atmósfera y con un estilo propio.

donquijote3Avellaneda elimina algunos personajes, convierte al Quijote en el caballero desenamorado y otros aspectos por el estilo. Su narración es directa, aunque bastante lenta. Los personajes pierden su halo irreal y se hacen más corrientes y descarnados.Los personajes son más terrestres, más mundanos. Don Quijote y Sancho dejaron de ser personajes trajeados de palabras y hazañas metafóricas para adquirir rasgos menos líricos y más cotidianos. Con esos personajes, Avellaneda trató de allanar otro terreno narrativo, se apropió de los personajes creados por Cervantes y los movió desde una perspectiva normal, dando rienda suelta a una segunda parte más vulgar y realista, desechando lo quijotesco de la vida y presentando la existencia hispana de la época de manera desnuda y sin asomo alguno de humor o poesía. Ese puede ser el pecado de Avellaneda porque en cuanto al estilo es intachable, y los diálogos magníficos, aunque no poseen sutileza y rozan la escatología castiza sin pruritos intelectuales.

El retorcimiento de Avellaneda queda patente en muchos lugares. El mencionado cuento de “Los felices amantes” tiene un argumento que sonará al lector: la monja pecadora cuya ausencia del convento guarda un ángel.

Aunque hoy día el acto de Avellaneda tiene más de metáfora que de acto vil, tiene más de poética que de empresa quijotesca. El Quijote de Avellaneda ha pasado la prueba y hoy en día puede considerarse otra obra imprescindible de la literatura clásica española.

Según  palabras de Nabokov, un digno remate de esta situación habría sido que la segunda parte cervantina hubiera terminado con el duelo entre ambos Quijotes…
 También Bárbara le rogó la bajase de la mula, pues estaba tan cerca de la venta, el cual lo

4a También Bárbara le rogó la bajase de la mula, pues estaba tan cerca de la venta, el cual lo  También Bárbara le rogó la bajase de la mula, pues estaba tan cerca de la venta, el cual lo hizo tomándola en brazos; y como para hacerlo fuese forzoso juntar él su cara con la de Bárbara, ella le dijo:

—¡Ay, Sancho, y qué duras y ásperas tienes las barbas! ¡Mal haya yo si no parecen cerdas de zapatero! ¡Jesús mío, y qué trabajos tendrá la mujer que durmiere contigo, todas las veces que las besare!

—¿Pues para qué diablos —dijo Sancho— las tenga de besar? Béselas la madre que las hizo, o Barrabás, que no tiene mocos; que para lo deste mundo, yo no beso a nadie, si no es a la hogaza cuando la cojo por la mañana, o a la bota cualquiera hora del día

(XXVI).

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Autor: Alonso Fernández de Avellaneda

  • Nº de páginas: 576 págs.
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • Editorial: CATEDRA
  • Lengua: CASTELLANO
  • ISBN: 9788437628523

 

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